domingo, 15 de noviembre de 2009

AMOR PRIMERO


Te hallé amada mía
y aún dormías abrazada serena,
a la cascada colosal y segura,
errante en hermosura una tarde gris
casi mortecina,
por los arenales hirvientes
del deseo y la esperanza.
Te hallé amada mía
en lo inmutable de los días,
en la hoja arrancada al almanaque, estupefacto
por el nudo que sujeta
esta soledad, de llanto
de cólera,
de templo profanado.
Te hallé amada mía
y no me viste llegar gozoso,
desvalido en esta fatiga, de otear
el horizonte,
de tu figura desvanecida
por la ventisca otoñal,
tapada entre hojas diminuta
como gacela radiante, que se sabe
imperturbable.
Te hallé amada mía
y me sonreíste largamente,
antes de caer a tus pies, pedí la ambrosía
y me la negaste,
es tan grande el olvido,
tanto tiempo en sueño esculpido
que ya eres otra,
y yo no soy el mismo,
dejé mi amor por el camino,
por los años perdidos
en regresos insondables.
Te hallé amada mía
pariendo madrugadas,
transitando la junquera,
en la memoria rota
por este derrotero, ya más resignado
ya más viejo,
ya tiritando enero.
Te hallé amada mía
y quise morir al instante,
cuando el rayo atravesó mi alma
sin poder decirte siquiera,
te amé,
te olvidé, te perdí
ya eternamente.

2 comentarios:

Taty Cascada dijo...

Cuanta nostalgía en éste poema. Me quedé pensando en esos grandes amores de juventud que nos destrozan las venas, pasa el tiempo, maduramos, olvidamos, o más dicho aprendemos a vivir sín ese gran amor, pero queda la pregunta siempre abierta de lo que pudo ser, es posible que con los años lo idealicemos, lo creemos en nuestra memoria como algo perfecto, porque en realidad, nunca sabremos si realmente lo fué.
Bello escrito, me encanta leerte.
Saludos para ti.

Ataraxía dijo...

Lloramos lo que se pierde,
porque somos el tiempo que nos queda.

Gracias por leerme y tenerme en tu recuerdo.

Un abrazo.

Luis.