
"Yo estoy seguro de que Dios no existe,
pero si Dios existe,
no tiene perdón de Dios"
J. Sacristán.
es un agujero intruso
en la paz beata de las liturgias,
es una mancha de tinta negra
en el pliego podrido de la noche,
es una esperanza al revés,
un esputo gris sobre los laboratorios
y los teoremas.
Una madre enferma
es lo que sobra en los márgenes
impolutos de los códices,
es un tropiezo en la piedra
teologal y virtuosa,
es un paraíso sin el acierto
puntual del "Hágase".
Una madre enferma
es la pieza extraviada
para que el mecano no funcione,
es una pregunta varada,
un signo de interrogación con raíces,
un lunar feo que el cosmos disimula
bajo un manto de supuestas
revelaciones.
Una madre enferma
no hay código ni álgebra que lo explique.
Una madre enferma
es el santo y seña
de la pereza homicida de los dioses.