
TÚ, eres mi todo rosa temprana
mi arena, mi barro o arcilla
me moldeaste con tanto amor,
que temo se rompa la magia de tus manos,
cuánta amargura callada, cuántas
lágrimas derramadas sin ser vistas,
me diste la vida, madre
y no te debo nada,
te acuerdas, madre
cuando cargabas con mis años enfermos
y nunca estabas cansada,
una acera empinada,
alquitrán rebelándose a la canícula,
tus pies los quiero ahora.
TUS OJOS NEGROS, grandes, inocuos
de gacela en alerta, nunca sorprendida,
vendiste tus manos al dolor
para apaciguar al mío,
sembradora de paz y armonía
hiciste de la tormenta melodía,
de mis noches oscuras...
luz y camino de sueños hermosos,
siempre te encontré en lo inmutable,
en la transparencia,
en la penumbra de mis desolados días,
me subiste a tus alas
mariposa centelleante y celeste,
¡ que necesarios tus besos!


















